Son seis y cinco Mónica, si dices un ratito más, tendríamos otra falta en física, lo cual no nos conviene; así que… arriba.
Miré por la ventana y vi que estaba nublado.
-Uhm, perfecto. Otro día nublado.
Todo pasó normal y como suele pasar todos los días. Y claro que hoy no sería le excepción de que se me hiciera tarde. Otro ligero regaño por parte de mi Madre a causa de esta falta de tiempo. Llegué a la escuela, y todo normal.
Materias, receso, más materias y fin de la discusión.
Ese día sentí un poco de distanciamiento. Sé que no hablamos comúnmente, pero lo sentí.
Estando ya afuera del plantel, irónicamente se me ocurrió buscarlo, no lo encontré al primer vistazo.
Subimos a perder, aún más, el tiempo y eché mi segundo vistazo, y nada.
Después de un lapso de tiempo me desesperé y decidí irme a mi casa, ya que quería dormir, nada raro, e irme descansadita a mi entrenamiento.
Esperé un poco para que pasara mi camión, lo abordé.
Cuando me bajé en mi parada correspondiente, mi respiración se volvió muy agitada, pero no le tome mucha importancia, ya que suelo ser muy nerviosa.
Iba caminando cuando tuve le intensa necesidad de voltear.
Me quedé paralizada, ni siquiera respiraba.
Estaba ahí, recargado sobre un pie y el otro sobre la pared. Me miró y con la inercia comencé a caminar hacia él.
No podía decir alguna palabra. Él solo tomó mi mano, me jaló y comenzamos a caminar… hacia el lado contrario de mi casa.
-¿Qué haces? Mi casa está hacia el otro lado. Detente.
No me respondió y no cambiamos la dirección de nuestro caminar.
-Bueno, si no queremos ir a mi casa, esta bien. Dije sarcásticamente.
Ni siquiera estábamos siguiendo un camino, ya estábamos caminando sobre pasto y lodo. Llegamos a su coche.
-Sube. Abriéndome la puerta del copiloto.
No le hice caso. A lo que solo me tomó del brazo y apretó levemente.
-No, ¿Qué te sucede? Debo ir a mi casa ¿Sabes? La gente normal no se sube a un coche sin saber a donde va.
-Por favor, sube Mónica.
¡Rayos! Pensé y subí.
Cerró mi puerta. Subió al coche y arrancó.
Que bonito disco pensé, y sonreí pícaramente.
Para mi gran fortuna, no conducía hacia la ciudad. Tomó la carretera vieja, pero no dije nada. Por alguna extraña razón, no me disgustaba estar sentada en su coche.
Después de haber conducido por aproximadamente 30 minutos y sin decir una sola palabra, comenzó a bajar la velocidad y pensé que nos íbamos a detener, pero, no. Dimos vuelta hacia la izquierda y comenzamos a irnos por una vereda de terracería, y cuando me di cuenta, entrábamos en un bosque, me quedé anonadada, era MI bosque, el que tanto había soñado.
Se detuvo. Bajé enfadada, aunque por dentro sentía una revolución de mariposas.
Él se bajó y se quedó recargado del lado de su puerta.
Lo miré esperando a que dijera algo. ¿Ya era justo no?
Pero no, no me dijo nada. Me miró por unos segundos, y desvió la mirada.
-Perfecto. Dije muy enfadada, a mi modo.
-¿Qué te sucede? ¿Sabes que debo de estar en el estadio en 5 minutos? Mi Madre ha de estar eufórica. Me acerqué al coche para tomar mi celular y avisarle a mi madre que me habían secuestrado.
-No hay señal. Dijo
-¡Genial!, Ahora podré avisarle a mi Madre, que un loco me secuestro y no quiero decirme algo al respecto.
-Eres tan hermosa cuando te enojas. Murmuró, aunque logré escucharlo.
CLARAMENTE sentí la sangre fluyendo hacia mis mejillas.
-Y ese sonrojar tan tuyo.
-Basta. Dije. Creo que necesito saber que diablos hacemos aquí. O comenzaré a gritar. Decide.
Se me acercó y tomó mi brazo.
-Ven, acompáñame.
-Vaya, aunque sea con sutileza.
Comenzamos a caminar, pensé que solo serían unos cuantos poquitos metros.
-Odio caminar. Reclamé.
-Lo sé. Lo dijo sonriendo.
Intenté detenernos, pero dada su fuerza en sus entrenamientos no conseguí ni un pequeño forcejeo de su parte. Así que me di por vencida.
Después de caminar unos pocos metros, me di cuenta que íbamos tomados de la mano.
Llegamos a un lago, hermoso, sin duda alguna, este bosque era el que yo había soñado.
Lo solté y caminé aún más rápido que él. No podía ni siquiera hablar.
Me quedé observándolo por un momento. Cuando recuperé el sentido, volteé y él estaba recargado en un árbol.
-¿Qué es todo esto?… Gracias.
-¿Es parecido al de tus sueños?
-¿Perdón? ¿Y tú como sabes de mis sueños delirantes?
-Jaja, Claro, tu memoria. Sonrió.
- Una vez, ya tiene tiempo, me lo contaste. Que siempre habías querido estar en un bosque.
-Cierto… bueno, no. La verdad no lo recuerdo. Pero… Muchas Gracias. Es hermoso.
Él solo me sonrió, con esa chispa que tiene al sonreír.
Me senté a la orilla del lago y me quedé observando todo, era hermoso, perfecto. La altura de los árboles, el agradable olor, la tranquilidad del lago, el dulce silencio. Todo.
Volteé a verlo y su mirada era diferente.
Me levanté rápidamente.
Él se acercó, desgraciadamente no fue lento su caminar.
Estaba a un metro de mí. No se porqué, pero no podía moverme. La revolución de mariposas estaba en pleno auge.
Dio un pequeño paso y ahora estábamos a centímetros.
Lentamente subió su mano derecha y acomodó mi cabello. Mi respiración comenzó a ser cada vez más lenta. Su mano izquierda estaba en mi cuello, y creo que sentía mi estruendoso palpitar de la yugular.
Me alejé y fue cuando pude respirar.
-No. Musité.
-Lo siento. Dijo.
Comencé a caminar hacia el lado contrario del lago, no estaba observando realmente el camino, solo tenía en mi mente la imagen de sus ojos tan cerca de mí.
De pronto tropecé con un árbol. Y fue cuando reaccioné. No di la vuelta, solo recargué mi frente contra el árbol.
¿Qué te sucede Mónica? ¿Por qué te alejaste? Ni siquiera puedes controlarte. Pensé.
Cuando di media vuelta, estaba a unos cuántos metros.
-¿Crees que será así de fácil? No. Debo admitir que esta idea es de lo más brillante. Pero no estoy del todo convencida. Grité, para que lograra escucharme.
De pronto comenzó a caminar hacía mi. Se detuvo a una distancia sumamente corta. El problema es que de nuevo, no pude moverme. Era como si me tuviera hechizada para no poder esquivarlo o algo así.
Puso su mano en el árbol, lo cual hizo que se acercara aún más.
Me miraba con esa sonrisa tan suya, que me hacía chivear.
Está bien, me rindo. Estoy convencida. Pensé.
Y me acerqué hacia él.
Pero se alejó.
Las piernas comenzaron a temblarme. Claro que tuve que poner una reacción normal y tranquila. Me costó, de verdad me costó.
-Vaya, es fácil convencerte. Dijo riéndose.
Recuperé el aliento tan rápido como pude.
-Eres un tarado. Le dije.
-Y tú, una inexplicable chica. Contestó.
Me di la vuelta y caminé hacia la salida que recordaba. Que sorpresa, si la recordaba, a lo lejos se veía el coche. Caminé aún más rápido.
Escuché sus pasos detrás de mí.
-No, espera.
No me detuve. Aunque deseaba hacerlo.
Corrió y me cruzó, parándose frente a mí y me frenó.
-No, espera. Aún debo hacer algo más.
Miré hacia otro lado. Él trató de mover mi rostro para que pudiera verlo, pero golpeando su brazo, le quite su mano.
-Moni, por favor.
Continué mirando hacia otro lado.
Suspiró y se alejó un paso. Recargó su mano sobre un árbol que estaba a un lado suyo.
Ahora sí, volteé a verlo.
Lo miré fijamente, por mi mente pasaron muchas cosas.
Me miró y fue como si me lo estuviera preguntando.
Estoy convencida, pensé.
De alguna forma lo interpretó, y aceptaré que soy torpe para decir algo con la mirada.
Me acerqué y mi respiración comenzó a agitarse cada vez más.
Agaché la mirada y me detuve. Veía sus pies. Vi que se movió hacia mí.
Levantó mi rostro con su mano. Por inercia, levemente fui subiendo mis manos hacia su pecho.
Su brazo rozaba mi cintura. No sentía mis piernas.
-Eres hermosa.
Sentí el acelerado movimiento de mis glóbulos rojos, sentí como circulaban rápidamente hacia mis mejillas.
Besó mi frente y me abrazó.
Apreté mis manos, arrugando su playera.
Bajó su rostro y me besó.
Hizo que mis piernas temblaran y se volvieran tan frágiles.
Ese beso lento, tierno, sutil.
Suspiré y le sonreí.
-Vaya, no eres tan flexible ¿Sabes? Este era mi último recurso.
-Lo lograste, Tarado. Reí.
Besó mi frente y bajó su mano por todo mi brazo hasta apretar fuertemente la mía.
-Creo que perdiste un día de entrenamiento.
-Si, y te echaré la culpa a ti.
-Muy bien, le diré a tu entrenador que nunca dijiste que no.
-¡Jaja! Le diré que casi estrangulas mi brazo.
-Y no te creerá, porque no tienes marca alguna para probarlo.
-Uhm, malvado.
-Todo fríamente calculado, hermosa.
Solo sonreí y ese gran maratón de glóbulos rojos llegó a mis mejillas.
-¿Sabes? Me encanta ver como te chiveas y te sonrojas.
-No es tan fascinante para mí, es vergonzoso.
-¡Jaja! ¿Por qué? Eso indica que no puedes controlar tus emociones.
-Pues tal vez… ¡¡POR ESO!! Una vez la Maestra de Historia me dijo eso.
-Lo sé, lo recuerdo. Por eso lo dije. Y se rió.
Solo lo golpeé levemente en el brazo, claro que él ni un pequeño aire sintió.
Llegamos al coche y abrió la puerta.
-Adelante, bella Dama.
-Gracias. Contesté, subiéndome al auto.
Pero antes de dar un paso en el auto algo cerró la puerta, de alguna manera me quede sorprendida por el inexplicable suceso, gire mi cuerpo y voltee hacia el (Harold estoy seguro). Harold levantó sus brazos y de manera sincronizada las ramas de un árbol se movieron como si se tratasen de extremidades humanas, cuando Harold levantó el brazo la rama de igual manera se levanto, sus ojos se tornaron de un brillo sobrenatural, el cielo se tornó de un gris plomo y de entre las nubes se veía un espontaneo relámpago interno y que en ocasiones tocaba las manos de Harold y las ramas del bosque que ahora manejaba. De a poco los sonidos guturales que salían de el se convertían en espectrales y demoniacos, movió sus brazos con dirección al lago pero esta vez no se movieron los arboles, a cambio en el lago el agua se levanto con un gran estruendo. De la tierra piedras se levantaban y chocaban entre si en el cielo formando una escena apocalíptica, Harold se acercó a mí y con su voz casi infernal me dijo:
Miré por la ventana y vi que estaba nublado.
-Uhm, perfecto. Otro día nublado.
Todo pasó normal y como suele pasar todos los días. Y claro que hoy no sería le excepción de que se me hiciera tarde. Otro ligero regaño por parte de mi Madre a causa de esta falta de tiempo. Llegué a la escuela, y todo normal.
Materias, receso, más materias y fin de la discusión.
Ese día sentí un poco de distanciamiento. Sé que no hablamos comúnmente, pero lo sentí.
Estando ya afuera del plantel, irónicamente se me ocurrió buscarlo, no lo encontré al primer vistazo.
Subimos a perder, aún más, el tiempo y eché mi segundo vistazo, y nada.
Después de un lapso de tiempo me desesperé y decidí irme a mi casa, ya que quería dormir, nada raro, e irme descansadita a mi entrenamiento.
Esperé un poco para que pasara mi camión, lo abordé.
Cuando me bajé en mi parada correspondiente, mi respiración se volvió muy agitada, pero no le tome mucha importancia, ya que suelo ser muy nerviosa.
Iba caminando cuando tuve le intensa necesidad de voltear.
Me quedé paralizada, ni siquiera respiraba.
Estaba ahí, recargado sobre un pie y el otro sobre la pared. Me miró y con la inercia comencé a caminar hacia él.
No podía decir alguna palabra. Él solo tomó mi mano, me jaló y comenzamos a caminar… hacia el lado contrario de mi casa.
-¿Qué haces? Mi casa está hacia el otro lado. Detente.
No me respondió y no cambiamos la dirección de nuestro caminar.
-Bueno, si no queremos ir a mi casa, esta bien. Dije sarcásticamente.
Ni siquiera estábamos siguiendo un camino, ya estábamos caminando sobre pasto y lodo. Llegamos a su coche.
-Sube. Abriéndome la puerta del copiloto.
No le hice caso. A lo que solo me tomó del brazo y apretó levemente.
-No, ¿Qué te sucede? Debo ir a mi casa ¿Sabes? La gente normal no se sube a un coche sin saber a donde va.
-Por favor, sube Mónica.
¡Rayos! Pensé y subí.
Cerró mi puerta. Subió al coche y arrancó.
Que bonito disco pensé, y sonreí pícaramente.
Para mi gran fortuna, no conducía hacia la ciudad. Tomó la carretera vieja, pero no dije nada. Por alguna extraña razón, no me disgustaba estar sentada en su coche.
Después de haber conducido por aproximadamente 30 minutos y sin decir una sola palabra, comenzó a bajar la velocidad y pensé que nos íbamos a detener, pero, no. Dimos vuelta hacia la izquierda y comenzamos a irnos por una vereda de terracería, y cuando me di cuenta, entrábamos en un bosque, me quedé anonadada, era MI bosque, el que tanto había soñado.
Se detuvo. Bajé enfadada, aunque por dentro sentía una revolución de mariposas.
Él se bajó y se quedó recargado del lado de su puerta.
Lo miré esperando a que dijera algo. ¿Ya era justo no?
Pero no, no me dijo nada. Me miró por unos segundos, y desvió la mirada.
-Perfecto. Dije muy enfadada, a mi modo.
-¿Qué te sucede? ¿Sabes que debo de estar en el estadio en 5 minutos? Mi Madre ha de estar eufórica. Me acerqué al coche para tomar mi celular y avisarle a mi madre que me habían secuestrado.
-No hay señal. Dijo
-¡Genial!, Ahora podré avisarle a mi Madre, que un loco me secuestro y no quiero decirme algo al respecto.
-Eres tan hermosa cuando te enojas. Murmuró, aunque logré escucharlo.
CLARAMENTE sentí la sangre fluyendo hacia mis mejillas.
-Y ese sonrojar tan tuyo.
-Basta. Dije. Creo que necesito saber que diablos hacemos aquí. O comenzaré a gritar. Decide.
Se me acercó y tomó mi brazo.
-Ven, acompáñame.
-Vaya, aunque sea con sutileza.
Comenzamos a caminar, pensé que solo serían unos cuantos poquitos metros.
-Odio caminar. Reclamé.
-Lo sé. Lo dijo sonriendo.
Intenté detenernos, pero dada su fuerza en sus entrenamientos no conseguí ni un pequeño forcejeo de su parte. Así que me di por vencida.
Después de caminar unos pocos metros, me di cuenta que íbamos tomados de la mano.
Llegamos a un lago, hermoso, sin duda alguna, este bosque era el que yo había soñado.
Lo solté y caminé aún más rápido que él. No podía ni siquiera hablar.
Me quedé observándolo por un momento. Cuando recuperé el sentido, volteé y él estaba recargado en un árbol.
-¿Qué es todo esto?… Gracias.
-¿Es parecido al de tus sueños?
-¿Perdón? ¿Y tú como sabes de mis sueños delirantes?
-Jaja, Claro, tu memoria. Sonrió.
- Una vez, ya tiene tiempo, me lo contaste. Que siempre habías querido estar en un bosque.
-Cierto… bueno, no. La verdad no lo recuerdo. Pero… Muchas Gracias. Es hermoso.
Él solo me sonrió, con esa chispa que tiene al sonreír.
Me senté a la orilla del lago y me quedé observando todo, era hermoso, perfecto. La altura de los árboles, el agradable olor, la tranquilidad del lago, el dulce silencio. Todo.
Volteé a verlo y su mirada era diferente.
Me levanté rápidamente.
Él se acercó, desgraciadamente no fue lento su caminar.
Estaba a un metro de mí. No se porqué, pero no podía moverme. La revolución de mariposas estaba en pleno auge.
Dio un pequeño paso y ahora estábamos a centímetros.
Lentamente subió su mano derecha y acomodó mi cabello. Mi respiración comenzó a ser cada vez más lenta. Su mano izquierda estaba en mi cuello, y creo que sentía mi estruendoso palpitar de la yugular.
Me alejé y fue cuando pude respirar.
-No. Musité.
-Lo siento. Dijo.
Comencé a caminar hacia el lado contrario del lago, no estaba observando realmente el camino, solo tenía en mi mente la imagen de sus ojos tan cerca de mí.
De pronto tropecé con un árbol. Y fue cuando reaccioné. No di la vuelta, solo recargué mi frente contra el árbol.
¿Qué te sucede Mónica? ¿Por qué te alejaste? Ni siquiera puedes controlarte. Pensé.
Cuando di media vuelta, estaba a unos cuántos metros.
-¿Crees que será así de fácil? No. Debo admitir que esta idea es de lo más brillante. Pero no estoy del todo convencida. Grité, para que lograra escucharme.
De pronto comenzó a caminar hacía mi. Se detuvo a una distancia sumamente corta. El problema es que de nuevo, no pude moverme. Era como si me tuviera hechizada para no poder esquivarlo o algo así.
Puso su mano en el árbol, lo cual hizo que se acercara aún más.
Me miraba con esa sonrisa tan suya, que me hacía chivear.
Está bien, me rindo. Estoy convencida. Pensé.
Y me acerqué hacia él.
Pero se alejó.
Las piernas comenzaron a temblarme. Claro que tuve que poner una reacción normal y tranquila. Me costó, de verdad me costó.
-Vaya, es fácil convencerte. Dijo riéndose.
Recuperé el aliento tan rápido como pude.
-Eres un tarado. Le dije.
-Y tú, una inexplicable chica. Contestó.
Me di la vuelta y caminé hacia la salida que recordaba. Que sorpresa, si la recordaba, a lo lejos se veía el coche. Caminé aún más rápido.
Escuché sus pasos detrás de mí.
-No, espera.
No me detuve. Aunque deseaba hacerlo.
Corrió y me cruzó, parándose frente a mí y me frenó.
-No, espera. Aún debo hacer algo más.
Miré hacia otro lado. Él trató de mover mi rostro para que pudiera verlo, pero golpeando su brazo, le quite su mano.
-Moni, por favor.
Continué mirando hacia otro lado.
Suspiró y se alejó un paso. Recargó su mano sobre un árbol que estaba a un lado suyo.
Ahora sí, volteé a verlo.
Lo miré fijamente, por mi mente pasaron muchas cosas.
Me miró y fue como si me lo estuviera preguntando.
Estoy convencida, pensé.
De alguna forma lo interpretó, y aceptaré que soy torpe para decir algo con la mirada.
Me acerqué y mi respiración comenzó a agitarse cada vez más.
Agaché la mirada y me detuve. Veía sus pies. Vi que se movió hacia mí.
Levantó mi rostro con su mano. Por inercia, levemente fui subiendo mis manos hacia su pecho.
Su brazo rozaba mi cintura. No sentía mis piernas.
-Eres hermosa.
Sentí el acelerado movimiento de mis glóbulos rojos, sentí como circulaban rápidamente hacia mis mejillas.
Besó mi frente y me abrazó.
Apreté mis manos, arrugando su playera.
Bajó su rostro y me besó.
Hizo que mis piernas temblaran y se volvieran tan frágiles.
Ese beso lento, tierno, sutil.
Suspiré y le sonreí.
-Vaya, no eres tan flexible ¿Sabes? Este era mi último recurso.
-Lo lograste, Tarado. Reí.
Besó mi frente y bajó su mano por todo mi brazo hasta apretar fuertemente la mía.
-Creo que perdiste un día de entrenamiento.
-Si, y te echaré la culpa a ti.
-Muy bien, le diré a tu entrenador que nunca dijiste que no.
-¡Jaja! Le diré que casi estrangulas mi brazo.
-Y no te creerá, porque no tienes marca alguna para probarlo.
-Uhm, malvado.
-Todo fríamente calculado, hermosa.
Solo sonreí y ese gran maratón de glóbulos rojos llegó a mis mejillas.
-¿Sabes? Me encanta ver como te chiveas y te sonrojas.
-No es tan fascinante para mí, es vergonzoso.
-¡Jaja! ¿Por qué? Eso indica que no puedes controlar tus emociones.
-Pues tal vez… ¡¡POR ESO!! Una vez la Maestra de Historia me dijo eso.
-Lo sé, lo recuerdo. Por eso lo dije. Y se rió.
Solo lo golpeé levemente en el brazo, claro que él ni un pequeño aire sintió.
Llegamos al coche y abrió la puerta.
-Adelante, bella Dama.
-Gracias. Contesté, subiéndome al auto.
Pero antes de dar un paso en el auto algo cerró la puerta, de alguna manera me quede sorprendida por el inexplicable suceso, gire mi cuerpo y voltee hacia el (Harold estoy seguro). Harold levantó sus brazos y de manera sincronizada las ramas de un árbol se movieron como si se tratasen de extremidades humanas, cuando Harold levantó el brazo la rama de igual manera se levanto, sus ojos se tornaron de un brillo sobrenatural, el cielo se tornó de un gris plomo y de entre las nubes se veía un espontaneo relámpago interno y que en ocasiones tocaba las manos de Harold y las ramas del bosque que ahora manejaba. De a poco los sonidos guturales que salían de el se convertían en espectrales y demoniacos, movió sus brazos con dirección al lago pero esta vez no se movieron los arboles, a cambio en el lago el agua se levanto con un gran estruendo. De la tierra piedras se levantaban y chocaban entre si en el cielo formando una escena apocalíptica, Harold se acercó a mí y con su voz casi infernal me dijo:
-¡Eres mía! Serás la portadora del poder!-
Yo muy asustada me intente hacer hacia atrás pero esta vez no eran las mariposas las que me detenían si no pequeños arbustos que amarraron mis tobillos sin que yo lo notara.
Grite pero al instante callé al ver la inmensidad de una pared de agua detrás de Harold mientras el tenia sus brazos extendidos hacia atrás, era el estruendo equivalente a las cataratas del Niágara, el dijo -no hay escapatoria-
Dirigió sus manos abiertas al cielo y a ellas caían rayos e increíbles manifestaciones de energía hasta el momento desconocidas, de a poco la pared de agua se disminuyó y con esto el ruido también, durante unos segundos lo único que so oía era el silencio y la humedad de la tierra hirviendo cerca de los pies del ahora monstruo, con gran rapidez movió su mano hacia el automóvil (un hermoso mustang 86 color negro iridiscente) y con esto el auto explotó, yo no podía moverme por que ahora las ramas me tenían sostenida hasta de las manos, solo agaché la cabeza y con la impresión aun no asimilaba lo que pasaba, Harold el monstruo se acercó hacia mi ahora casi levitando, intento besarme pero me movía de manera desesperada de mi boca solo salía unos sonidos guturales y un llanto de desesperación me abrumo, Harold solo gruñó y yo me callé del miedo.
El sonido de un caballo a gran velocidad se oía a lo lejos cuando de la nada en el cielo surcó una aeronave a baja altura y de ella saltó alguien con una armadura, esta no era medieval si no que asemejaba mucho a los trajes espaciales de astronauta aunque con un aspecto más bélico. –HAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA-
El grito del hombre de la armadura silenció todo el bosque, Harold el monstruo giró la cabeza y dirigió unas piedras de muchas toneladas con solo mover las manos hacia el hombre de la armadura. El hombre las esquivó con gran agilidad, corrió entre los arboles y sacó un rifle, descargó todo el cartucho en Harold pero esto era inútil, para él los disparos eran lo equivalente a una pequeña piedra de rio, el hombre de la armadura corrió hacia el monstruo mientras este hacia sonido de índole infernales, la armadura se sacudía cuando el monstruo gruñía pero esto no impidió al hombre correr y enterrar una grana en la vestimenta desgarrada del monstruo, el hombre de la armadura corrió y abrió sus brazos para abrasarme y protegerme de las esquirlas de la granada, el sonido de una explosión, el monstruo se quejo y calló incado, como pudo se levantó. Pequeños relámpagos salían de él, pero caminó hacia el lago y lo separó en 2, las paredes de agua se veían débiles y no poderosas como hacia poco lo había logrado, sosteniendo su hombro lastimado como pudo movió su mano sana y creó unas escaleras de piedra hacia el fondo del lago, bajó a el fondo, se abrió una lapida, Harold como pudo subió sus dos manos y en ellas se formó una esfera de luz brillante blanca, emulando un pequeño sol, con una gran fuerza lo estrelló contra el cuerpo que había en la lapida (el cuerpo parecía de una mujer viva) una luz cegadora inundo el lugar y cuando abrí los ojos junto con el hombre de la armadura el lago colapsaba y regresaba a su lugar original, de a poco el cielo se fue tornando menos gris, esporádicos relámpagos aun se manifestaban.
Camine junto al hombre de la armadura y le dije
-¿Quién eres?
El solo se quedo callado y atreves del casco que le cubría entera la cara le dijo,
-tuviste suerte, Harold te quería para que entraras al inframundo corriendo y encontraras la cura para su amada-
-entonces me enamoró para salvar a la mujer que ama- le dije
-no precisamente, no la quería salvar, pero una maldición lo obligaba a tenerla viva, si ella moría el moría- respondió
-y por que no me permitiste ir al inframundo para ir por la cura para salvarlos- le interrogué
-por que la salvación de su amada consistía en el sacrificio de un mortal que haya hecho un favor a Harold, el mortal eras tu hermosa dama-
Cuando me dijo eso, me sentí de nuevo una humana, en la vida real, yo le conteste
-y ¿Por qué tenia poderes?, eso es imposible-
El me respondió;
-nada es imposible, imposible era tu muerte por que acabarías con mi historia, y mi historia si que es larga, tu eres mi historia, nosotros somos una historia y de nuestras acciones dependen el curso de las vidas de muchos, de la creación de tres hermosas vidas. Harold tenia poderes por que es el duque del inframundo, el controla la energía de nuestra dimensión y la del inframundo, la energía metafísica.-
Yo no entendía mucho de eso, solo le conteste.
-¿Cómo sabes el futuro?
El suspiro atreves de ese casco y dijo,
-Por que tu sabes lo mismo que yo, por que soy la partición de lo que crees por que…
Lo interrumpí y de manera abrupta le di un abraso, y le dije:
-quítate el casco-
Esas mariposas regresaron a mi estomago mientras el se quitaba el casco, lo primero que note fue su cara familiar, era el bastardo de mi clase que me caída mal, la confusión entro en mi, ¿Cómo no sentir algo por alguien que me ha salvado? Pensé rápido y descubrí que lo único que quería hacer era besarlo…
El dijo:
-Mónica… ya acabo la clase, vas a llegar tarde a tu entonamiento…
Abrí los ojos y estaba en mi monótona aula de clases, medio salón ya había salido y los demás hacían su mochila, después de mi efímero sueño tome mi mochila y me fui con quien me había salvado en sueño pero solo era alguien más en la vida real.
Caminaba por el pasillo hacia la salida y fije mi mirada en Harold, de su dedo anular salió una chispa.